10 Principios económicos en época de elecciones.

España está en año electoral y en las últimas semanas recibimos un bombardeo permanente de información económica sobre lo que se ha hecho (con el correspondiente “y tú más” entre partidos), lo que se hace (por parte del PP, que por cierto dice verdades a medias que no es otra cosa diferente que mentir) y lo que se podría hacer (esto último, principalmente por parte de partidos nuevos, con ideología sesenteras algo oxidadas y populistas).

Comprender lo que proponen los candidatos, conocer su ideología, su forma de ver nuestra realidad actual y el futuro es clave para que podamos dar nuestro voto a unos u otros. 

La economía es sin duda una variable clave en el actual entorno de España y por ello es fundamental tener al menos unas líneas o principios básicos por las que regirnos para saber escoger bien a quien nos gobernará por los próximos cuatro años.

Esta actualidad electoral y la importancia de los criterios de economía que nos proponen, me recuerda una frase de Alfred Marshall que debemos tener presente en un año donde nos intentarán “vender” de todo para ganar nuestro voto:
La economía bien aplicada es cuando se pone cabeza fría al servicio del corazón caliente.
En otras palabras, la economía esta para servir a las personas, para generar herramientas que permitan un fluido funcionamiento en la sociedad, entre oferta y demanda.
Utilizarla como un ardid publicitario e ideológico es una acción propia de un trilero, porque no todos conocen sus “leyes y principios” y pregonar algo técnicamente imposible en economía por un puñado de votos es desleal con tus propios compatriotas y sólo por eso no deberían elegirte.

Aquí resumo un decálogo muy sencillo que nuestros gobernantes y los candidatos a gobernantes deberían tomar en cuenta en sus propuestas económicas. Pero también nosotros, que seremos gobernados y tu voto esta vez vale mucho más que otras ocasiones en el pasado.
Son diez principios que aplicó un exministro de economía de mi país (Perú) y que sirvieron, de alguna forma, para sacar adelante una economía maltrecha en una época en la que estábamos endeudados por un gobierno anterior que decidió no pagar la deuda externa, con un consumo interno prácticamente nulo por tasas de desempleo desbordante. Sin comparar con España, pero un escenario muy parecido al que nos han llevado los últimos gobiernos de este país.

1.- El Bolsillo, el órgano más sensible.
Hemos dicho que la economía se crea para servir a las personas. Pues bien, la naturaleza humana, nos guste o no, es egoísta, individual y luego piensa en el colectivo. Creer que un ser humano primero pensará en los demás y luego en él, es un sueño muy idealista (que me encantaría que existiera), pero poco real.

Entonces, si el ser humano primero piensa como individuo, antes preferirá tener un euro en su bolsillo que en el de enfrente. Es decir, todos, por nuestra propia naturaleza, pensamos que no hay nadie mejor que uno mismo para cuidar su propio bolsillo.
Con esta premisa humana clara, podemos afirmar entonces que las personas siempre preferirán tener un euro en su bolsillo que en el del gobierno; salvo que esta persona reciba un servicio o un bien superior a ese euro.
En los últimos ocho años se han tomado medidas que se alejan por completo de este principio humano y por ello percibimos un claro fracaso económico y social.
Un ejemplo de esto es la subida de impuestos o los recortes en sectores sensibles de la sociedad (salud o educación por ejemplo) a cambio de dar nuestro dinero a los bancos.

Un candidato a gobernante que no tiene claro que el ciudadano prefiere tener un euro en su bolsillo antes que en el suyo no debe ser elegido. Al menos yo no lo tomaría en serio.

2.- Nadie cuida lo que no es suyo.
El sentimiento de pertenencia nacional, en España, es inexistente. Para mí, que soy extranjero, me resulta muy curioso, porque es probablemente una de las pocas sociedades que tenga este nivel de fractura interna y sea capaz de convivir día a día con ella sin buscar rutas de entendimiento real.
España es la unión de diferentes reinos, pero no hay un sentimiento colectivo de propiedad global y esto, a mi entender, es un aspecto que ni un solo gobernante lo ha tomado en serio y ha intentado hacer algo de verdad.
Los “ingenieros sociales” que nos gobiernan buscan únicamente fórmulas para mantener la actual estructura de país por intereses electorales y de poder, no se centran en crear una identidad común y por supuesto que hay formas de lograrlo.

Estoy completamente de acuerdo en que dentro de las fórmulas de reestructuración, se debe proteger y preservar las culturas y lenguas que conforman este país, pero sus estructuras de gobierno son, por decirlo de forma suave y delicada, un cáncer que afecta al bolsillo y la sociedad. ¿Por qué?, porque tarde o temprano (y esta más que probado), los que gobiernan en este modelo de comunidades autónomas e incalculables ayuntamientos intentan sacar ventaja de ellas, a costa de la participación de la sociedad en su conjunto. Así los niveles de corrupción que ahora padecemos.

Quien no plantee una reestructuración REAL en el actual modelo de gobiernos que conforman este país, no hará nada por la economía. Porque los que presiden comunidades autónomas y ayuntamientos, no les ha costado nada llegar a levantarlo y eso es un peligro en época de crisis.

3.- No se puede gastar más de lo que se tiene.
Este principio es relativo, ya que sin endeudamiento, y más en época de crisis, poco se puede hacer. Pero el endeudamiento sólo se debe entender como una acción temporal y no como un mecanismo permanente, porque las deudas, como ahora nos estamos dando cuenta como país y como individuos, siempre se pagan.

No aceptar esta realidad te lleva sin ningún tipo de duda, a la quiebra. Ya seas un individuo, una empresa o un gobierno, hay que tener claro que las deudas deben ser pocas y temporales, porque tarde o temprano se pagan. Cuando no se pueden pagar, se emprende un camino de no retorno. Se pierden activos, se quiebra, con ello no hay producción, aumenta la pobreza y la miseria se instala. Y no lo digo tibiamente, lo digo así de claro y con conocimiento de causa. Provengo de un país donde esto lo hemos aprendido bien y quien diga que “no se pagara la deuda” o que la renegociará, miente. Al final lo pagaran tus hijos o tus nietos.

Recordemos que la naturaleza humana es la que rige en todo lo que nos rodea, incluida la economía. Imaginemos que tú compras deuda de tu vecino (o digámoslo de otra forma, le prestas dinero) bajo unas condiciones que él aceptó y firmó, con avales y testigos de tu comunidad. ¿Aceptarías que luego venga y te diga: “Mira, lo he pensado mejor y no te voy a pagar” o, “Si te voy a pagar, pero sólo la mitad que es lo que yo creo que te tengo que dar” ¿?. Dudo mucho que un acuerdo así lo llegues a aceptar, ¿no?.

Lo que si debe suceder es que no aceptemos prestamos con condiciones usureras como hasta ahora nuestros propios vecinos europeos nos han ofrecido y nosotros, tontamente, hemos aceptado.

4.- Los países también quiebra.
Este principio viene a colación de los tres primeros. En el caso de España, con el Euro por moneda al menos es imposible llegar a la forma más hipócrita de maquillar una quiebra, que es la “impresión de dinero” discrecionalmente. Pero cuidado, un país en quiebra dentro de la unión europea pierde algo peor, su identidad y sobre todo su libertad para tomar decisiones.

España no esta en quiebra, al menos no tomando en cuenta los últimos datos macroeconómicos. Pero esto no quiere decir que no este en quiebra social (micro) y un país se puede hundir si su sociedad no se mueve. El principal error del actual gobierno es haber sólo atendido las demandas y variables macroeconómicas y olvidad a las personas de su propio país. Si lo micro no funciona, los resultados tan positivos que nos venden en macro son solo parafernalia e ilusiones para un año como este, de elecciones.

5.- No hay cenas gratis.
Sí o sí, las facturas siempre se pagan, esto ya lo hemos dicho. Pero claro, para los políticos trileros esto no quiere decir que quien las pague sea quien realmente deba pagarlas.

En España tenemos un ejemplo que explica claramente este principio y lo que no se debería hacer nunca.
La banca española quebró, por decirlo de alguna manera, por mala gestión, irresponsabilidad de sus dirigentes y por una corrupción instalada que nace incluso en los propios partidos políticos. Si los bancos quiebran ¿por qué el gobierno pagó sus deudas con nuestro dinero?. Ésta claro que aplicaron este principio por conveniencia propia más que por lógica y esto lo debemos evitar en el futuro.

No es razonable y mucho menos ético que tengamos que ser los ciudadanos los que financiemos los “pufos”, valga la expresión, de unos pocos. Por ello, antes de elegir a un partido o al candidato de turno, veamos que han hecho en el pasado, que experiencia tienen pero sobre todo que cargas traen. Porque puede que la próxima comida la estés pagando con tu voto.

6.- Hacemos fiesta, lo que no nos cuesta.
Por lo general el ser humano no valora aquello que no le ha costado. Hablamos de cosas materiales, pero también de servicios. Por ello es preferible que quien reciba algo, tenga que sacrificarse también de alguna forma. No hablo de sólo de dinero, también de tiempo u otro recurso o bien.

Aquí me enfoco en los candidatos que quieren ser presidente o parlamentarios u ocupar cualquier cargo público. La realidad hoy en día es que lo ven como un premio gordo de navidad y al sentarse en su sillón de poder, se olvidan que tienen que realizar sacrificios ellos, no nosotros.
Me explico con un ejemplo, no hace muchos años, un ministro de economía español saco a bolsa el 40% de las reservas de oro de España a la venta. Era necesaria liquidez para “maquillar” resultados de su gestión y con una “visión estratégica” (entiendan mi sarcasmo) tomó esta decisión sin consultar a técnicos o expertos independientes.
Pues bien, un estudio realizado por economistas del diario el Mundo confirma a inicios del 2015 que ese 40% de reservas valdría hoy, desde que se le ocurrió esta burrada, un 125% más.
No es posible que un ministro, un presidente de gobierno o un político, sea cual sea su cargo de responsabilidad, tome este tipo de decisiones y quede impune, porque estos recursos, estos servicios, son de los ciudadanos, no de su propiedad.

7.- Los precios y el empleo no los determinan los políticos.
Por lo general, cuando un gobierno interviene o intenta fijar o controlar precios o cualquier otra medida de mercado, entorpece el funcionamiento del propio mercado, generando escasez o abundancia artificial (mercados negros, desempleo, trabajos en B, etc).

La ley laboral, de la que el PP se siente tan orgulloso es un ejemplo claro de intervencionismo. Es una ley que ha pretendido regular y controlar lo que hasta el momento era un flujo natural del mercado del empleo. Un mercado que sin esta medida habría mejorado seguro, ya que las empresas tendrían que haber realizado ingeniería interna sin necesidad de despidos masivos (como ocurriera en EEUU).
Esta manipulación no sólo ha generado que hoy en día el modelo de empleo sea precario (aumentando la informalidad laboral y el trabajo temporal) sino que se ha creado un mercado negro de mano de obra que difícilmente, salvo que se vuelva al libre mercado, se pueda regularizar.
Lo mismo pasa con medidas que intentan beneficiar o perjudicar algún sector o producto dentro del mercado y esto último lo digo por algunos candidatos a presidente que tienen pinta de ser intervencionistas. Mucho cuidado con esto, nos guste o no, vivimos en una sociedad global regida por el consumo y libre mercado, intervenir o intentar manipularlo lo único que genera son males mayores, pobreza y escasez. Sólo hay que leer la prensa de hoy mismo en Venezuela, por ejemplo.

8.- Más gasto público, equivale a más impuestos.
Es importante entender que, para aumentar el gasto público “a alguien habrá que quitarle algo”.
Está de moda en esta batalla electoralista escuchar propuestas donde sólo se plantea el aumento del gasto público sustentando sus medidas con el planteamiento de quitarle a los ricos (con impuestos) para pagarlo.

Sinceramente, por más que insistan los populistas con este postulado, nunca será suficiente quitarle al rico para pagar todo esto. Adicionalmente el efecto que puede generar esta medida es la espantada de inversiones que en todo caso será más perjudicial.

La segunda idea que escuchamos es la de aumentar el gasto público haciendo uso del “endeudamiento responsable”. Pero cuidado, ya hemos hablado en el principio 5 que todas las facturas se terminan pagando y por endeudarnos es que ahora vivimos el infierno económico y social que vivimos.
Gracias a dios que aquí, a diferencia de otros países, no se genera inflación para pagar este aumento de gasto público propuesto…o sí ¿?.
Sostener que se debe aumentar el gasto público sin una planificación mediamente seria y técnica es pura demagogia electoral. Hoy por hoy, no es posible ampliar el gasto público, en mi opinión, pero sí racionalizar la distribución de los ingresos para mejorar en algo los maltrechos servicios públicos que nos dejará este gobierno de austeridad extrema. Hacer otra cosa, sería poner más piedras en nuestra mochila.

9.- La pobreza se combate creando riqueza.
Tomando en cuenta lo que han hecho los últimos dos partidos que han gobernado España y las medidas europeas respecto a países del sur, me queda la sensación que siempre se quiere “igualar hacia abajo”, en lugar de permitir que se “crezca hacia arriba”.

Así podemos ver las medidas que se han tomado con los bancos, por ejemplo, y cómo éstos no han dado el flujo de crédito necesario para que microempresarios o familias activen la economía. Lo peor de todo es que nuestros gobiernos se han quedado de brazos cruzados y seguimos, después de 3 o 4 años de rescate a la banca, sin ver ese flujo prometido.
Lamentablemente el éxito se ha equiparado al robo, a la corrupción y esto si no cambia incrementará, retrocediendo aún más como sociedad.
Algunas medidas para crear riqueza: Reducir impuestos directos drásticamente, Flujo de crédito, Fomentar medidas concretas Inversión privada, invertir en nuevos sectores estratégicos, I+D+I, fomentar y no restringir la cultura (otra vez impuestos ilógicos), modernizar la educación (sólo hay que ver el puesto de España en PISA con respecto a otros países), etc.etc.

Candidato que no hable claramente de cómo generar riqueza en las familias y sólo hable de aspectos macroeconómico no tiene claro este principio y por ende no debería ser elegido.

10.- Los efectos de largo plazo también cuentan.
Este es probablemente el principio más importante para evaluar medidas económicas. Los efectos a corto plazo son importantes, pero los relevantes son los de largo plazo.

Los postulados populistas se enfocan en acciones y efectos cortoplacistas y esto es sumamente peligroso. Por lo general aplicar medidas populistas genera, a largo plazo, problemas económicos serios. Así, por ejemplo, si nos cuentan una película donde se planteen exoneraciones de impuestos, así sea por motivos loables, hay que analizar bien quién pagará esa factura si realmente esa medida es necesaria. Seguro que se encontrarán muchas razones y sustentos ideológicos que permitan vender esta idea, pero hay que tener cuidado porque es una factura y una carga que puede que no te afecte a ti, pero seguro que sí lo hará a tus hijos y tus nietos.

Estamos en un año 100% electoral, muchas propuestas, muchas ideas e ideologías. En lo referente a propuestas económicas o ligadas a la economía hay que ser muy cauto y leer entre líneas lo que nos proponen.
Tomemos en cuenta no sólo a los candidatos a presidente, también a su equipo técnico, su ideología y en algunos casos las acciones que han realizado en el pasado o en otros países.
Nos jugamos mucho con los cambios que se darán este año y espero, sinceramente, que este decálogo de economía para gobernantes lo tengan presente quienes nos gobiernan, quienes postulan a gobernar y quienes vamos a ser gobernados.

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